Dachau

14 12 2008

Animados por Carlos, que una vez más organizó la excursión (¡gracias!), partimos el domingo pasado rumbo a Dachau, cerquita de Munich. Quizá una de las excursiones más escalofriantes que voy a hacer a lo largo de este periodo de estudios en Alemania, y es que lo que fuimos a ver allí es un campo de concentración. A lo mejor suena un poco locura hacerse cuatro horas de tren, transbordos incluidos, para ir a ver semejante sitio, pero dado que es una de las etapas de Alemania que más la ha marcado e influido, lo mínimo es acercarse un poco a lo que ocurrió.

El campo es inmenso, y aunque no se conservan todos los edificios originales, porque por ejemplo las dos barracas de los prisioneros que allí siguen han sido reconstruidas y el edificio en el que entraban los presos y donde trabajaban ahora está habilitado como museo, era inevitable que el viaje de vuelta fuera de reflexión.

Lo primero que hicimos fue visitar las barracas y ver el campo un poco por encima, con ese patio inmenso, desierto. El día acompañaba: completamente nublado y gris, muy de acuerdo con el sitio. En las barracas, el hacinamiento era evidente, y unos paneles explicaban que los presos podían ser castigados porque la cama no estuviera bien hecha. Leerlo de un panel es bastante malo, pero cuando lo oyes decir a los supervivientes, que te cuentan lo que sucedía desde la pantalla de una televisión, se te ponen los pelos de punta.

Después hicimos la visita guidada, donde recorrimos el mismo camino que los presos cuando llegaban allí. En esta sala los desnudaban, en esta otra las duchas… al llegar a Dachau, un preso perdía todo, y no me refiero sólo a los bienes que llevase encima. Eran recibidos con una frase como “ahora ya no tenéis ni siquiera dignidad, sois mierda y como tal vamos a trataros”. Y efectivamente, ni dignidad les quedaba. Clasificados por colores como si fueran ganado, un color para los presos políticos, otro para los judíos, otro para homosexuales… y así unos cuantos más. El color implicaba también diferencias en el trato, podían tratarte mal, muy mal o incluso peor, y los homosexuales y judíos fueron grupos muy perseguidos. El museo te acercaba bastante al horror de aquel momento, pero ni de lejos se parecía a la sensación de entrar en una cámara de gas (que, por algún motivo, no se usó para matar grupos grandes, sólo a presos individuales o pequeños grupos) con falsas duchas y un cartel que indicaba baños en la entrada. Sin embargo, para mí, la peor parte de la visita fue la última.

El llamado “búnker” es un edificio que consiste, básicamente, en un pasillo con celdas a ambos lados. Celdas diminutas donde los presos eran obligados a permanecer de pie porque no podían moverse sin comida, agua o luz; celdas donde eran castigados; celdas donde estaban los llamados “presos especiales”… Es el edificio original, quizá el menos visitado, y posiblemente por la falta de gente, lo interminable de semejante pasillo de los horrores y que ya sabes algo más del campo de concentración, hay que hacer un gran esfuerzo para no salir de allí llorando o corriendo. Y eso que Dachau es lo que se llama un campo de trabajo, y no uno de exterminio, lo que significa que los presos servían para el trabajo. Muchos morían por ello y desde luego las condiciones eran infrahumanas, pero ¿quién sabe entonces cómo fue Auschwitz II, que sí era un campo de exterminio preparado exclusivamente para matar gente?

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Breve retorno

11 07 2008

Aunque parecía que nunca iban a llegar, sí, aquí están. ¡Las vacaciones! Y con ellas la locura de tener todo descontrolado, especialmente el tema de la Erasmus, que han decidido dejar de escribirme a la cuenta que les di para escribirme a otra… estupendo… y yo pidiendo que me mirasen la primera, así andaba yo de preocupada porque no llegaba nada.

El caso es que después de 10 (merecidísimos, después de todos los agobios) días de vacaciones me encuentro dos estupendas noticias: Redes aprobada y estoy admitida en Alemania!! Así que no puedo quejarme. Tengo un cansancio brutal después de la falta de sueño de estos últimos días, y menos de 10 horas para hacer la maleta, rellenar los formularios, mandarlos y dormir…. o algo! Por eso el post es, de nuevo, muy breve, aunque esta vez me deja un mejor sabor de boca, ya casi sabe de verdad a estudiante Erasmus!!





Perspectiva

5 03 2008

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El ser Erasmus es para siempre. No hay forma de borrar esa condición: una vez eres estudiante Erasmus, lo eres para toda la vida“.

En estos términos comenzaba la charla sobre el programa de movilidad que, en su día, tuvo lugar en la facultad para informarnos de las posibilidades que teníamos. Claro que hablaban en términos económicos; una vez recibes la beca Erasmus, no puedes volver a recibirla, aunque te cambies de carrera, de universidad y de lo que tú quieras, pero a mí me gusta pensar, de todos modos, que es efectivamente algo indeleble, una marca que llevas toda la vida.

Por la gente que yo conozco y que ha participado en un programa de estas características, no sé nada. Sólo te miran con cara de bobos, con una sonrisa inmensa y te dicen que no pierdas la oportunidad de participar en ello. Que conoces un montón de gente, que abres tremendamente los ojos y aprendes a mirar las cosas de otra forma. Un año fuera es una forma de buscarte a ti mismo, de darte un respiro de todo lo que te rodea. Quien más, quien menos se ha sentido desengañado alguna vez, y es una oportunidad perfecta para renovar metas, buscar nuevos retos, no importa si son el idioma, la carrera, abrir la mente…

Para distinguir lo importante de lo que no lo es entre todo lo que te rodea. Para redescubrir, una vez más, a los que siempre están allí, a pesar de la distancia, de la diferencia de ritmos de vida, de los kilómetros. También para olvidar a aquellos que no lo están porque no lo estuvieron nunca. Para dar la bienvenida a todos los que entrarán, con los que compartirás una temporada importante. Para encontrar de alguna forma partes de ti mismo que creías haber perdido.

(Aún esperando la publicación de la lista para confirmar desde dónde miraré el mundo el año que viene…)

[La imagen es una obra de M.C. Escher. Recomiendo, a quien no lo conozca, que lo busque por ahí, tiene muchas cosas interesantes.]