Perspectiva

5 03 2008

escher.jpg

El ser Erasmus es para siempre. No hay forma de borrar esa condición: una vez eres estudiante Erasmus, lo eres para toda la vida“.

En estos términos comenzaba la charla sobre el programa de movilidad que, en su día, tuvo lugar en la facultad para informarnos de las posibilidades que teníamos. Claro que hablaban en términos económicos; una vez recibes la beca Erasmus, no puedes volver a recibirla, aunque te cambies de carrera, de universidad y de lo que tú quieras, pero a mí me gusta pensar, de todos modos, que es efectivamente algo indeleble, una marca que llevas toda la vida.

Por la gente que yo conozco y que ha participado en un programa de estas características, no sé nada. Sólo te miran con cara de bobos, con una sonrisa inmensa y te dicen que no pierdas la oportunidad de participar en ello. Que conoces un montón de gente, que abres tremendamente los ojos y aprendes a mirar las cosas de otra forma. Un año fuera es una forma de buscarte a ti mismo, de darte un respiro de todo lo que te rodea. Quien más, quien menos se ha sentido desengañado alguna vez, y es una oportunidad perfecta para renovar metas, buscar nuevos retos, no importa si son el idioma, la carrera, abrir la mente…

Para distinguir lo importante de lo que no lo es entre todo lo que te rodea. Para redescubrir, una vez más, a los que siempre están allí, a pesar de la distancia, de la diferencia de ritmos de vida, de los kilómetros. También para olvidar a aquellos que no lo están porque no lo estuvieron nunca. Para dar la bienvenida a todos los que entrarán, con los que compartirás una temporada importante. Para encontrar de alguna forma partes de ti mismo que creías haber perdido.

(Aún esperando la publicación de la lista para confirmar desde dónde miraré el mundo el año que viene…)

[La imagen es una obra de M.C. Escher. Recomiendo, a quien no lo conozca, que lo busque por ahí, tiene muchas cosas interesantes.]