¡Por fin! Aunque ya nos avisaron que los alemanes para esto del alojamiento son muy tardones, no pude evitar acabar poniéndome nerviosa, porque cuando mandas todos los papeles fuera de plazo y aún encima resulta que los alemanes no te garantizan alojamiento, sino que “intentarán buscarlo”, la cosa se complica.
Finalmente me encuentro alojada en Straussäcker (que no se escribe así, pero no tengo ni idea de dónde está la letra alemana que me falta), es decir, un pisito de dos o cuatro personas que pinta bastante bien, a juzgar por los comentarios de la gente que conozco y que vive en las residencias de Stuttgart. Claro, aún queda tener suerte con los compañeros de piso, pero siendo pocos es más fácil convivir, digo yo… como dice Antonio, cruzaremos los dedos y “unos buenos compañeros de piso, y apañao“.
La diversión no se acaba, porque ya he cogido mi vuelo, y llego aaaaa… las once de la noche a Stuttgart. Seguramente teniendo vuelo y alojamiento, ya no debería haber más problemas, pero el caso es que necesito coger las llaves para entrar en el piso, y a esas horas sin Hausmeister está difícil el tema. ¿Solución? Un buddy, es decir, un amable estudiante alemán que recoge tus llaves y va a buscarte al aeropuerto, te deja en tu casita y te ayuda con los papeles. Pero no, porque en estos países ya se sabe que los autóctonos se acuestan más bien prontito, nada que ver con los madriles, así que el Welcoming Service, que así se llama, tiene un horario limitado que, desde luego, no incluye ni de broma las once de la noche. De todos modos he escrito a los responsables (otra vez fuera de plazo…) para ver si sería posible pedirlo, en vista de que otros años los españoles que han llegado a esas horas intempestivas para un alemán han tenido acompañante.
Así que toca esperar respuesta otra vez, aunque ya con toda la suerte con la casa y demás, no sé si aún puedo pedir más… veremos qué pasa.



