Buddy!

27 09 2008

Aunque la administración alemana no parece ser mucho más rápida que la española, al menos cuando responden es porque está todo solucionado.

Presa de un ataque de estrés momentáneo, acababa de decidir escribir a los del Welcoming Service para saber qué había pasado con mi buddy, si me lo daban o si me buscaba yo la vida por ahí, cuando encuentro en mi bandeja de entrada un mensaje de un tipo alemán que no sólo promete ir a buscarme con las llaves de mi casita, sino que además nos coge por adelantado las sábanas, almohada y edredón que vende el Hausmeister por 35 euros. Es decir, que no tendré que taparme con la toalla como Dani en su primera noche, ni pasaré en el bar de la cerveza barata mi primera noche en Stuttgart.

El chico en cuestión nos ha mandado una lista de los documentos que vamos a necesitar para algunas formalidades, y su número de móvil por si acaso algo va mal. Sí, nos ha mandado, lo he dicho bien, porque aparecen, junto a mi dirección, otros dos destinatarios, y uno de ellos es alumno de la Carlos III. Debe ser que todos los madrileños cogemos el mismo vuelo.

Así que ahora ya paso los días despidiéndome de gente y pesando jerséis en la báscula del baño. Además, voy metiendo en la maleta los regalos y recuerdos que me van dando (incluyendo una foto a contraluz en la que no se distinguen más que cuatro bultos oscuros. Se intuye más o menos quiénes son, y me explican que es porque “así no te olvidas del sol”. En fin…), y una carpeta con todos los papeles, que están casi todos listos.

¡Preparados para zarpar!


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